¿Megaestructura extraterrestre en la galaxia? Una estrella se comporta muy raro y algunos científicos creen que no es natural


Algo extraño le sucede a una estrella de la Vía Láctea y esta vez parece ser que una de las explicaciones podría ser «¡extraterrestres!»

No, no estoy bromeando. Tampoco es para que me tomes por un lunático. Sólo me baso en el reciente reporte de un grupo de científicos que ha observado el comportamiento de una estrella situada entre las constelaciones del Cisne y la Lira, en el hemisferio norte.

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Esta estrella es invisible al ojo humano, pero con la ayuda del Telescopio Espacial Kepler (el que se utiliza actualmente para observar y buscar planetas habitables fuera del Sistema Solar) se ha observado por más de cuatro años a partir de 2009.

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Su nombre es un tanto extraño, pero quizá pronto te sea familiar: KIC 8462852, y se encuentra a 1500 años luz de la Tierra (si viajaras hacia allá a una velocidad de nada menos que 300,000 kilómetros por segundo sin parar durante 1500 años, llegarías de seguro). ¿Cuál es el problema y por qué el alboroto?

Primero, lo básico

La observación directa de planetas extrasolares desde la Tierra resulta un tanto difícil para la tecnología actual. Cuando se habla de un telescopio que busca planetas a grandes distancias más allá del Sistema Solar, se trata propiamente de una observación indirecta a través de la luz que emiten las estrellas.

Un ejemplo burdo pero fácil de entender sería imaginar que algún foco que ilumine la habitación donde estás es cualquier estrella situada a un distancia considerable. Si diriges tu vista hacia la fuente de luz y cierras los ojos, percibirás la iluminación a través de tus párpados. Después pasa tu mano a cierta distancia de tu cara como diciendo «adiós» al foco. ¿Notas que hay una disminución en la luminosidad percibida? Pues más o menos así (de una manera científica, por supuesto) es como se detectan planetas en las estrellas lejanas, por la alteración de la luz que emite una estrella cuando es interferida por un planeta… o cualquier otro objeto.

Volvamos a la cuestión principal

Se podría pensar que ocurrió algún error en los datos o algún extraño movimiento en los instrumentos alteró la información, pero todo se verificó, según Tabetha Boyajian, líder de la investigación, y se concluyó que no hubo errores.

El Kepler estuvo observando la luz emitida por ésta y otras 150 000 estrellas simultáneamente para encontrar interferencias que disminuyeran la emisión. Cuando estas interferencias se repiten periódicamente se puede deducir que se trata de la órbita de algún planeta.

El detalle aquí es que la luz y los datos de tantas estrellas generan una inmensa cantidad de información y ni siquiera las computadoras modernas pueden trabajar ciertos aspectos de la observación, como aquellos donde el viejo ojo humano puede reconocer patrones. Por eso se fundó Planet Hunters, para que los datos recabados sean examinados por «científicos ciudadanos» e identifiquen patrones de luz de las estrellas desde la comodidad del hogar.

Varios «científicos ciudadanos» notaron algo raro en la estrella en el 2011. Inmediatamente fue marcada mientras surgían opiniones al respecto de su comportamiento: «interesante», «extraña»… Y esto por algo fue, ya que de tantas estrellas observadas es fácil reconocer cuando hay algo que se sale del papel que toda estrella normal, con o sin planetas, debe desempeñar.

La detección de datos arroja una gráfica que muestra la curva de la emisión de luz e identifica el tamaño y la forma de los objetos en tránsito. Uno observa las gráficas y dice: «no hay alteraciones, no hay planeta», «¡mira, un planeta!», pero de repente: «¿¡qué es eso!?». Sorprende porque claro, los planetas son redondos porque así deben ser, y esta cosa que causa interferencia no es redonda…

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Concretamente, el patrón de luz sugiere que hay un gran montón de materia en ajustada formación alrededor de la estrella. Si la estrella fuese joven, sería natural: polvo y desechos cósmicos como los que formaron los planetas alrededor del sol hace más de 4500 millones de años… Pero esta estrella no es joven y no tiene ni siquiera el exceso de luz infrarroja que supondría la presencia de polvo rodeándola.

La estrella parece ser madura y hay algo con una masa lo suficientemente grande como para bloquear un número significativo de luz (hasta 20%) y generar datos que la hacen parecer no un objeto redondo sino uno irregular.

Si causas naturales pusieron algo allí, tuvo que haber sido un hecho reciente. De lo contrario, ya no habría nada allí debido a la gravedad o a cualquier factor cósmico natural.

En el artículo recién publicado, se describe el extraño comportamiento de KIC 8462852 y se plantean diversas soluciones que expliquen el fenómeno a partir de factores naturales: defectos de los instrumentos, escombro de asteroides o impactos planetarios, etc.

Todos los escenarios descritos encuentran objeción a excepción de uno: una lluvia de cometas provocada por el tránsito de otra estrella. De hecho Boyajian y su equipo concluyen con esa explicación como la más factible aunque esperan obtener más datos para confirmarla o refutarla.

Perfecto, pero…

Todo hasta aquí iría bien de no ser por la imaginación humana que muchas veces rompe paradigmas con explicaciones menos ortodoxas. La misma Boyajian explicó en una conversación telefónica que en el artículo están solamente considerando las explicaciones «naturales» pero que había «otros escenarios» posibles.

¿Cuáles son? Bueno, aunque en la vida real no se conoce todavía nada comparable, en la ciencia ficción (Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon o Mundo Anillo de Larry Niven son algunos ejemplos) ya se ha planteado la construcción de megaestructuras tecnológicas usadas por civilizaciones avanzadas para recolectar la energía de su estrella más cercana.

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Dichas estructuras masivas rodearían total o parcialmente una estrella con fines energéticos como se supone según la Escala de Kardashov en el nivel II: una civilización que tiene la capacidad tecnológica para extraer y aprovechar toda la energía de su estrella. No me lo preguntaste, pero la humanidad actual ni siquiera alcanza el nivel I (aprovechamiento de toda la energía disponible en el planeta); según cálculos de Carl Sagan en 1973 la humanidad sería una civilización de nivel 0.7.

Hay que ser precavidos y más si se habla de ciencia. Decir «¡alienígenas!» a la primera es un tanto arriesgado pues hay una serie estricta de pasos que se deben seguir para poder descartar lo más evidente y terminar con explicaciones menos ortodoxas. Las hipótesis relacionadas a los extraterrestres, al menos ahora, son las últimas a considerar. Sin embargo, tal como ha dicho Jason Wright, astrónomo de la Universidad Estatal de Pensilvania, «esto parece como algo que podrías esperar que construyese una civilización alienígena».

Y es que la búsqueda de planetas extrasolares o exoplanetas no es nada más para crear un catálogo cada vez más grande sino para encontrar evidencia de condiciones similares a las de la Tierra, lo cual abriría la puerta a la existencia de vida y, de paso, que existe vida inteligente. De hecho existen científicos especializados en la búsqueda de civilizaciones extraterrestres y ya se han realizado proyectos que intentan detectar (sin resultados hasta ahora) rastros de actividad tecnológica no humana.

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Entonces, si el Telescopio Kepler tiene los datos necesarios para evaluar el comportamiento de las estrellas y determinar si hay o no objetos identificables, es muy posible que «cualquier otro objeto» no sea necesariamente un planeta. Sí, puede ser basura espacial, desechos de planetas, algún fenómeno anómalo natural, etc., pero esto no excluye ni debe excluir la posibilidad de que alguna civilización haya marcado territorio poniendo un tipo de superestructura con algún fin determinado.

Boyajian, Wright y Andrew Siemion, director del Centro de Investigación SETI en la Universidad de California, están trabajando ahora para lograr que se apunte una antena de radio hacia la extraña estrella y captar si existe alguna emisión que delate la actividad de algún tipo de civilización tecnológica.

Si todo va bien, pasarán a usar el observatorio VLA (Very Large Array) en Nuevo México para precisar si tales señales pertenecen a una civilización con tecnología como la terrestre. Todo puede fluir y las primeras observaciones tendrán lugar en enero próximo con un seguimiento en el otoño siguiente o antes si es posible.

¿La curiosidad (o el escepticismo) te carcome?

No hay que desesperarse. Faltan datos y podría tratarse efectivamente de un fenómeno natural. Desde un punto de vista científico se abren muchas posibilidades que tienen que ser puestas a prueba para dar una conclusión satisfactoria. En el artículo antes mencionado ya se refutaron varias y se concluyó parcialmente con una, pero no podría ser la única explicación.

Más información podría concluir que la presencia de exocometas es la causa del disturbio, o que hay algún fenómeno natural no conocido hasta ahora que lo cause o… que exista alguien por allá haciendo trabajos de ingeniería masiva para provecho de su civilización. De hecho, se menciona que existe un segundo artículo en el tintero que hablará sobre un escenario posible donde la razón del comportamiento tan extraño de la estrella se deba a una estructura artificial.

Suena descabellado para el conocimiento común de estos tiempos, pero se debe tener en cuenta la edad de la Vía Láctea y ponerse a pensar (sólo un poco para que no exploten tus neuronas) en lo que pudo haber pasado desde que se formó hace unos 13 000 millones de años en sus 300 000 millones de estrellas… Quizá en algún lugar de alguna de ellas hubo alguna civilización extraterrestre que alcanzó a superar sus problemas locales y dio el salto tecnológico suficiente para poder literalmente «tapar el sol con un dedo» y aprovechar su energía.

¿Cómo sería esto posible? Bien, aunque este artículo no habla sobre megaestructuras, te daré un apunte. El físico Freeman Dyson propuso la existencia de estructuras masivas construidas a manera de esfera alrededor de una estrella. Una estructura así, podría tener la forma de un enjambre constituido por una inmensa cantidad de artefactos capaces de obtener energía. Imagina que enormes placas colectoras de energía solar se ponen en órbita alrededor de nuestro sol, paulatinamente, hasta cubrirlo, mientras parte de esa potencia recolectada se usa, por ejemplo, para iluminar artificialmente toda la Tierra.

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Si existiere una civilización avanzada en aquel sistema estelar en vías de desarrollo hacia el tipo II de Kardashov, eso explicaría la forma peculiar del objeto detectado.

No obstante, como ya dije, no hay que aventurarse más de lo que las pruebas dan. La humanidad pudiera estar apuntando hacia otro evento no menos natural que un eclipse solar o, bien, quizá está al borde de un descubrimiento impactante.

Impactante porque las posibilidades que se abren plantean más preguntas. Si resulta ser una estructura artificial habría que cuestionarse si tal civilización aún existe o si sólo es un descomunal monumento arqueológico remoto abandonado hace 1500 años. ¿Cómo se alcanzará sea cual fuere el caso? Ése es otro misterio por resolver.

Mientras tanto, y cito a Ross Andersen en su artículo, «Boyajian, Siemion, Wright, los científicos ciudadanos y el resto de nosotros, tendremos que contentarnos con miradas anhelantes al cielo, dirigidas entre el Cisne y la Lira, donde quizá, sólo quizá, alguien está mirando hacia acá y observando que el sol se atenúa ligeramente cada 365 días».

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Fuentes:

«The Most Mysterious Star in Our Galaxy»
«Planet Hunters X. KIC 8462852 – Where’s the flux?»

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